No hay nada que me saque más de quicio que cuando alguien me dice “que se te ocurre para tal cosa” o “¿será que para dentro de 10 minutos tienes una propuesta bien novedosa?”
Levante la mano a quien no le haya pasado eso y la verdad es como decirnos que somos unos malnacidos, ¿por qué consideran que porque trabajamos con la creatividad somos maquinas que hacen ideas a granel en cuestión de segundos?, aunque lo más chistoso de todo es que eso no solo sucede con clientes, también pasa con amigos, familiares y hasta compañeros de trabajo, pero… ¿será que nosotros somos culpables de eso?
Siempre para no quedar mal aceleramos nuestras neuronas y decimos lo primero que se nos ocurra para demostrar que somos creativos, grave error, lo único que estamos haciendo es decir, nuestro trabajo es basura porque no necesitamos ningún esfuerzo para hacerlo.
Entendamos algo, si trabajamos en el mundo de la publicidad podemos tener ideas estúpidas, pero no estúpidas ideas, porque para poder tener una idea es indispensable tener conocimientos básicos del cliente, su mercado, su producto y su competencia. Es de muy mal gusto que el jefe de uno o el compañero de trabajo lo ponga a uno en una camisa de once varas al preguntarle frente al cliente ¿Qué se te ocurre?, si es tan fácil, por qué no se le ocurre a él algo, para no hacer preguntas que lo único que logran es ponerlo a uno entre la espada y la pared.
Nuestras ideas no pueden ser solo creativas sino también estratégicas ya que el cliente requiere que sean efectivas, que cumplan con sus objetivos de mercadeo y/o comunicación por eso tienen que ser bien pensadas, lo cual significa que si respetamos nuestra profesión no podemos seguirles el jueguito de los que creen que nosotros somos maquinas automáticas de creación de ideas. Cada vez hay que ser más ingenioso para llegarle a la gente, nuestras ideas deben ser piedras o rocas en una playa donde hay miles de supuestos creativos que compiten contra nosotros. Si nos quedamos pensando en que cualquier idea funciona estamos demostrando lo mediocres que somos y tenemos que tener la visión suficiente para poder hacer campañas de alto impacto y que no pasen desapercibidas.
Definitivamente somos culpables de cómo la gente nos ven y nos perciben y por ahí dicen “camarón que se duerme… amanece en un banquete”, si seguimos desvalorando nuestras ideas y por ende nuestro trabajo, nos quedaremos sin nada de nada. Si vamos a desgastar neuronas que valga la pena hacerlo, démosle el estatus que se merece y recuerda que no hay maquina que sea tan creativa como nosotros mismos.